jueves, 10 de noviembre de 2011

Nada.

¿Por qué me empeño en creer en algo que no existe, en algo que jamás ha existido y nunca existirá?
Intento buscar una razón lógica en todo esto, intento razonar conmigo misma y me doy mil explicaciones que sé que no me sirven de nada. El corazón no atiende a razones, edades, ni a nada. El corazón no sabe nada. Y el amor tampoco. Es una de esas cosas que llega sin esperarlas, sin buscarlas, sin poder hacer nada por pararlas. Llega y arrasa con todo lo que tienes alrededor, te rompe los planes, te quita el sueño, te hace soñar despierta, te crea un huracán de sentimientos dentro, y a ti solo te gustaría romper con todo y gritar.
Y no se puede hacer nada, no se puede pretender que no existe, que no hay nada. Que no se siente nada. Porque él mismo se encarga de recordarte segundo tras segundo de que está presente en ti, de que existe. De que existe esa fuerza dentro de ti y existe esa persona por la que suspiras. La misma que te paraliza el corazón cada vez que os cruzais. Y bajas la mirada y la pierdes en la nada, no ves, no oyes, no puedes escuchar nada ni nadie. Porqué está solo ella. Esa persona que te da toda la fuerza del mundo con solo mirarte, que te roza con un dedo y te lanza al espacio, que te abraza y te detiene el tiempo. ¿Como se puede vivir así? Con la idea de algo que en verdad no se hará nunca realidad. Porque no puedo, ni debo, ni (en lo más hondo) quiero que suceda. Es difícil, es tan complicado que no se puede ni siquiera explicar.

No se puede. No existen palabras para definir eso. Yo creía que sí, yo creía que todo en este mundo tiene una explicación, una razón lógica. Esto no.
Esto ocurre, esto pasa sin quererlo. Ni deseando con todas tus fuerzas que no pase, pasa. Llega. Y se apodera de ti. Te come por dentro. Se hace dueño de tus entrañas. Te hace temblar, te multiplica por mil los latidos del corazón. Una y otra vez, una y otra vez, hasta que no puedes aguantar más.

Callas o intentas resumirlo en palabras. Sigues esperando o te juegas todas tus cartas en una sola mano. Te arriesgas. Puedes ganar o puedes perder. Pero ahora no hay nada que hacer, no hay opciones, no hay partida ni ganador. Sabes que lo vas a perder todo hagas lo que hagas. Y sólo se trata de intentar esconderlo y convencerte a tí misma de que todo saldrá bien. Que habrá algun día en que no te despiertes con su imagen, que cuando pienses en esos recuerdos tan tontos pero a la vez tan especiales, no sientas ese flechazo en el corazón.

Todo empezó de la manera más tonta. Y mira como ha acabado.
Yo aquí, muriendo de amor. Tú lejos, observando el horizonte con una sonrisa en la cara.
Y en medio, todo lo que no sé de ti, todo lo que no te imaginas sobre mí. Tus secretos, tu vida, tu rutina, tu mundo especial, en el que mi conocimiento acerca de él se queda reducido a un par de palabras. Lo que imagino, lo que me cuentas. Todo lo que nos separa. La distancia insalvable que hay entre tú y yo.

Inalcanzable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario