te echo de menos.
De hecho, no te he escrito antes porque no me había dado cuenta hasta ahora. Te echo mucho de menos. Tengo un nudo en el estómago, donde antes volaban las mariposas que adiestraste a tu manera, y pienso en ti.
Echo de menos tu sonrisa. Y la manera en la que te reías de mi. Y cuando a veces estaba hablando, contándote una de esas mil historias sin sentido que siempre tengo preparadas en el bolsillo por si acaso, y tú no me escuchabas y me decías que estabas pensando en lo diferentes que éramos. Y yo me reía y te decía que me escucharas, que te estaba contando algo súper interesante. Y me dejabas terminar por cortesía, o porque te gustaba verme hablar emocionada.
Me acuerdo de cómo me cogías la mano para que no temblara, de cómo me hacías reír con tonterías, de la cara que ponías cuando algo te daba pena. De que me moría por comerte. Cuando nos despedíamos y no podía dejar de besarte, e intentaba evitar ponerte la mano en el corazón para saber si te estaba latiendo tan rápido como a mí. O cuando hablaba y me acariciabas sin que me lo esperara, y se me olvidaba qué estaba diciendo. Siempre decías que sabías como hacer que me callara, y quizás yo no paraba de hablar para que me besaras de nuevo.
Me acuerdo de la primera vez que te miré a los ojos y pensé "Elena, cuidado". Y sentí como saltaban todas mis alarmas mientras tú te encendías un cigarro, preguntándome qué me pasaba. Y yo ya entonces olía el miedo, y sacudía la cabeza. Yo, que odio hablar por teléfono y te llamaba borracha sólo para oír tu voz, y te pedía que me dijeras una y otra vez que tenías tantas ganas de verme como yo a ti. Y te colgaba sin avisar para no decirte que te quería, porque a veces me lo ponías muy difícil. Llegaba a mi casa pensando que me hacías la persona más feliz del mundo, justo cuando pensaba que no volvería a sentirme así nunca más.
Y mírame, ahora ya sabes lo que soy capaz de hacer en un segundo. Aún sigo pensando que lo hice volar todo por los aires. Explotamos y el impacto nos lanzó en direcciones opuestas, y te buscaba a ciegas. Quizás no quería darle más importancia, porque pensar que te había perdido era pensar que me importaba perderte, y yo no puedo permitirme volver a acostarme llorando por alguien. Por eso no lo hice.
Luché, y me apartaste, y cada vez que veía el frío en tus ojos se me colaba por dentro, haciéndome temblar. Quizás fui ingenua al pensar que me daba igual, al pensar que podría seguir viéndote sabiendo que ya no podría abrazarte en cualquier momento, o llamarte, o mandarte fotos estúpidas para que sonrieras. Pero ahora me doy cuenta.
Te echo mucho de menos. Y sé que si algun día lo sabes vas a huír corriendo.
No sé qué hacer para que vuelvas, para ver la sonrisa que guardabas para mí, para que me cojas de la mano y se me congelen los pensamientos.
Lo siento.
Y espero que tú lo sientas también.
Quizás nunca hicimos el amor y fue el amor el que nos hizo a nosotros. Y cuando te diste cuenta, para mí ya era demasiado tarde. Quizás seguiré mirándote cuando creo que no me ves, desde la otra punta de la habitación, esperando inconscientemente que vengas a mi lado y me hagas saber de algún modo que a ti también te da pena que nos miremos como si ya no nos conociéramos.
domingo, 4 de enero de 2015
martes, 30 de diciembre de 2014
Ha llegado el momento de despedirse, 2014.
Llega esta época y parece que todos nos volvemos locos para hacer un balance del año que dejamos atrás.
Creo que los años son como círculos, y en su cierre, nos está dando una nueva oportunidad para reescribir el resto de nuestra historia encima de nuestros errores pasados, dejando éstos debajo como una capa que nos aportará solamente experiencia y aprendizaje a la hora de tomar nuevas decisiones. Sé que el tiempo no deja de ser un vago concepto que intenta representar una línea contínua de hechos, pero si le ponemos principio y final, tenemos la sensación de que somos menos cobardes para emprender nuevos proyectos que disfrazamos de propósitos de año nuevo. Me gusta pensar que el 1 de Enero me trae la oportunidad de empezar una vida un poco menos parecida a la del 31 de Diciembre.
Este ha sido un año muy duro para mí. Lo he calificado varias veces como el peor año de mi vida, pero echando la vista atrás, también me doy cuenta de que nunca había aprendido tantas cosas como en estos 365 días.
Perdí a la persona que más me ha importado en toda mi vida, alguien con quién creía que me iba a comer el mundo y por quien hubiera estado dispuesta a matar y a morir. Supongo que cuando tienes 18 años y estás convencida de con quién quieres pasar el resto de tu vida, es difícil verse de repente en un escenario donde todos los planes que tenías se rompen totalmente y tienes que empezar a construir nuevos esquemas desde cero. He tardado un año entero en acostumbrarme a una perspectiva de vida sin esa persona.
Fue algo que me rompió por dentro pero a la vez reabrió heridas muy antiguas que ni siquiera sabía que existían, e hizo que poco a poco fuera comprendiendo todo lo que me había pasado durante mucho tiempo. Hizo que entendiera por qué actúo como actúo y que supiera cómo podía controlarlo, que quería cambiarlo si quería. El pasado nunca es una opción para justificar lo hijos de puta que podemos llegar a ser.
Este año me di cuenta de que había sufrido demasiado durante un tiempo en que yo era demasiado pequeña para asimilarlo, aunque entonces pensara que tenía el mundo bajo mis pies. Comprendí que eso me había marcado para siempre. Yo intentaba quitarle hierro al asunto, cuando en verdad debía haberme parado y haber dicho "no tengo que pasar por esto sola". A pesar de todo, cuando te das cuenta de eso demasiado tarde, ya no hay nada que puedas hacer. He pasado muchas noches en blanco para darme cuenta de que no hay que darle más importancia de la que tiene al pasado, porque aún no tenemos la capacidad de viajar en el tiempo para cambiarlo. Y a día de hoy, no creo que lo hiciera si pudiera. Al fin y al cabo todo lo que he vivido es quien me ha hecho ser quien soy y estar donde estoy hoy. No podemos estar culpándonos constantemente de los errores que cometimos o los errores que cometieron otras personas, porque lo único que conseguimos es anular cualquier perspectiva de avanzar, de salir de un túnel donde ya no debemos estar. Porque ya no somos quienes éramos, y nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo y decir "me equivoqué, se equivocaron conmigo, pero hoy es hoy, y quien yo sea mañana depende de esto".
Este año ha sido raro. Esta es la palabra para describirlo. Me han pasado muchas cosas, y al pensar en estos doce meses parece que haga una vida entera desde ese primer mes de Enero. En cierto modo, ha sido así. Ha sido un año muy largo, y tan dulce como amargo. Tengo ganas de enterrarlo pero también sé que ha sido un año que voy a recordar durante mucho tiempo.
Ahora llega una nueva etapa. Sé que las cosas no van a cambiar de un día para otro, sé que todo seguirá donde lo dejé el día antes. Que la gente que seguirá a mi lado será la misma, que las personas que no están hoy no van a estar, que pasaré toda la noche esperando que tú, quizás el regalo más bonito que me deja este 2014, te acuerdes de mi y me mandes el mensaje que me prometiste. Tú también me has enseñado muchísimo, y a ti debo darte las gracias porque sin quererlo, y a las puertas del 2015, has hecho que diera un paso gigante hacia adelante. Aunque no te tenga conmigo este nuevo año, has sido la gota definitiva que ha hecho que cerrara el círculo.
Así lo llamo, cierro el 2014 contenta. Porque dejo detrás de mi cosas que creía que me acompañarían toda la vida, y lo afronto con ilusión y con muchas ganas de volver a vivir de verdad, de reescribir recuerdos, de almacenar otros en una caja de la memoria que guardaré toda mi vida con mucho cariño, y de empezar historias nuevas. No ha sido un buen año, pero supongo que de otra manera nunca podría haber empezado este 2015 con estas ganas.
2014, ha llegado el momento de despedirse. No te guardo rencor. No nos veremos nunca más, pero ha sido un placer pasar estos 365 días contigo.
(Feliz año nuevo a todos ♡)
Este año ha sido raro. Esta es la palabra para describirlo. Me han pasado muchas cosas, y al pensar en estos doce meses parece que haga una vida entera desde ese primer mes de Enero. En cierto modo, ha sido así. Ha sido un año muy largo, y tan dulce como amargo. Tengo ganas de enterrarlo pero también sé que ha sido un año que voy a recordar durante mucho tiempo.
Ahora llega una nueva etapa. Sé que las cosas no van a cambiar de un día para otro, sé que todo seguirá donde lo dejé el día antes. Que la gente que seguirá a mi lado será la misma, que las personas que no están hoy no van a estar, que pasaré toda la noche esperando que tú, quizás el regalo más bonito que me deja este 2014, te acuerdes de mi y me mandes el mensaje que me prometiste. Tú también me has enseñado muchísimo, y a ti debo darte las gracias porque sin quererlo, y a las puertas del 2015, has hecho que diera un paso gigante hacia adelante. Aunque no te tenga conmigo este nuevo año, has sido la gota definitiva que ha hecho que cerrara el círculo.
Así lo llamo, cierro el 2014 contenta. Porque dejo detrás de mi cosas que creía que me acompañarían toda la vida, y lo afronto con ilusión y con muchas ganas de volver a vivir de verdad, de reescribir recuerdos, de almacenar otros en una caja de la memoria que guardaré toda mi vida con mucho cariño, y de empezar historias nuevas. No ha sido un buen año, pero supongo que de otra manera nunca podría haber empezado este 2015 con estas ganas.
2014, ha llegado el momento de despedirse. No te guardo rencor. No nos veremos nunca más, pero ha sido un placer pasar estos 365 días contigo.
(Feliz año nuevo a todos ♡)
viernes, 21 de noviembre de 2014
El asalto definitivo
Hoy he vuelto a soñar contigo, y me he asustado de mí misma.
Me asusta recordarlo todo tan nítidamente. Me asusta recordar cada detalle, como la mancha marrón de tu ojo izquierdo, o la manera en la que te caía el pelo, o la forma en la que escribías. Cómo se ajustaban tus brazos cuando andabas detrás de mi, y cómo sonreías cuando sabías que en ese momento era más tuya de lo que había sido de nadie nunca.
Te gustaba que te eligiera a ti, y yo siempre acababa haciéndolo porque parece que mi cuerpo se haya quedado atascado en tu magnetismo, y por más que lo intente, siempre encuentra una manera de llegar hacia ti. Que nos reencontremos entre calles sin nombre, que nos encontremos entre masas de gente, que acabe colgada a tu brazo sin saber qué clase de fuerza sobrenatural me ha llevado hasta allí.
Recuerdo las miradas de la gente, recuerdo sentirme culpable en cada una de ellas. Mirándome a los ojos como si fueran parte de mi consciencia, recordándome que no debería estar allí, recordándome que me vaya, que huya corriendo antes de que vuelvas a romperme el corazón.
Y yo, recuerdo girar la cabeza y sacudirlas, como siempre, haciendo caso omiso de lo que debo hacer para acabar haciendo lo que me da la gana, como siempre. Y así acabamos, Elena.
Pero sigo pensando si no valió la pena. Si me da igual, me da igual el dolor si conseguí sentirme viva cada puto segundo que pasé a tu lado. Recuerdo mirar a mi alrededor, envuelta en tu abrazo y pensar, ¿es esto lo que se siente cuando vuelves a la superfície después de tanto tiempo? ¿Es esto lo que se siente al volver a respirar? Y sí, era eso. Y aunque ni siquiera lo estaba viviendo, lo viví. Y eso fue lo peor. Ese fue el asalto definitivo.
Pensar si seguiría ahogándome el resto de mi vida, sin ti.
Pensar que ya no pensabas en mí.
Y sentir ese vacío en el lado izquierdo del pecho al que ya no estaba acostumbrada.
Son sueños, digo. Qué más da.
Pero cómo van a ser sueños si lo recuerdo todo perfectamente. Quizás estamos viviendo una vida paralela donde tú y yo no nos hemos separado. O quizás, me reúno contigo por las noches para que alguna parte hija de puta de mi subconsciente me torture con tu sonrisa, para que sepa que, pese a todo lo que ha venido después, cada milésima de segundo valió la pena.
Y que, pese a todo lo que ha venido después, seguiría eligiendo el camino equivocado en cada bifurcación si éste me llevara a ti.
Me asusta recordarlo todo tan nítidamente. Me asusta recordar cada detalle, como la mancha marrón de tu ojo izquierdo, o la manera en la que te caía el pelo, o la forma en la que escribías. Cómo se ajustaban tus brazos cuando andabas detrás de mi, y cómo sonreías cuando sabías que en ese momento era más tuya de lo que había sido de nadie nunca.
Te gustaba que te eligiera a ti, y yo siempre acababa haciéndolo porque parece que mi cuerpo se haya quedado atascado en tu magnetismo, y por más que lo intente, siempre encuentra una manera de llegar hacia ti. Que nos reencontremos entre calles sin nombre, que nos encontremos entre masas de gente, que acabe colgada a tu brazo sin saber qué clase de fuerza sobrenatural me ha llevado hasta allí.
Recuerdo las miradas de la gente, recuerdo sentirme culpable en cada una de ellas. Mirándome a los ojos como si fueran parte de mi consciencia, recordándome que no debería estar allí, recordándome que me vaya, que huya corriendo antes de que vuelvas a romperme el corazón.
Y yo, recuerdo girar la cabeza y sacudirlas, como siempre, haciendo caso omiso de lo que debo hacer para acabar haciendo lo que me da la gana, como siempre. Y así acabamos, Elena.
Pero sigo pensando si no valió la pena. Si me da igual, me da igual el dolor si conseguí sentirme viva cada puto segundo que pasé a tu lado. Recuerdo mirar a mi alrededor, envuelta en tu abrazo y pensar, ¿es esto lo que se siente cuando vuelves a la superfície después de tanto tiempo? ¿Es esto lo que se siente al volver a respirar? Y sí, era eso. Y aunque ni siquiera lo estaba viviendo, lo viví. Y eso fue lo peor. Ese fue el asalto definitivo.
Pensar si seguiría ahogándome el resto de mi vida, sin ti.
Pensar que ya no pensabas en mí.
Y sentir ese vacío en el lado izquierdo del pecho al que ya no estaba acostumbrada.
Son sueños, digo. Qué más da.
Pero cómo van a ser sueños si lo recuerdo todo perfectamente. Quizás estamos viviendo una vida paralela donde tú y yo no nos hemos separado. O quizás, me reúno contigo por las noches para que alguna parte hija de puta de mi subconsciente me torture con tu sonrisa, para que sepa que, pese a todo lo que ha venido después, cada milésima de segundo valió la pena.
Y que, pese a todo lo que ha venido después, seguiría eligiendo el camino equivocado en cada bifurcación si éste me llevara a ti.
viernes, 6 de junio de 2014
Carta a mi misma.
Piénsalo. Siempre has estado sola.
Naciste sola, y respiraste sola.
Empezaste a andar sobre tus propios pasos, y a hablar por tí misma. Estás hecha de los demás, pero todo lo que eres, lo has sido sola.
Creciste poco a poco, sabiendo qué era eso de la amistad y del amor. Lo aprendiste y te caíste sola, porque te traicionaron, y te dejaron sola.
Y luego empezaste a ser como querías ser, a dejar atrás lo que querías olvidar. Siempre sola, aprendiendo de los demás pero tú sola.
Piénsalo, en el fondo no eres más de lo que sientes, de lo que piensas, de lo que sueñas. Lo que has hecho y todo lo que te queda por hacer te hace ser quien eres. Y has llegado hasta aquí a partir de lo que has luchado. Siempre tienes que luchar a tu lado y contra ti misma. Eres tu primer amor y tu peor enemigo. El blanco. El negro. La cruz. La cara. La suerte no depende de nadie más.
Vivirás esperando a alguien, pero al final sólo te tendrás a ti. Eres la única persona que estará hasta el final de tus días.
Escúchame, te vas a traicionar, y te vas a hacer feliz, elegirás mal, y a veces bien, y y tropezarás mil veces con la misma piedra. Y depende de la piedra, a veces un millón. Pero al final del camino, por más que esperes, sólo estarás tú.
Tú eres el camino, escúchame, no estarás sola, pero eres lo único que siempre, siempre, siempre vas a tener.
No puedes deshacerte de ti misma, aunque a veces quieras a hacerlo.
Y escúchame, mi querido yo, tienes que quererte, tienes que amarte por encima de todas las cosas. Porque las cosas, y las personas, desaparecen. Joder, esto ya lo has aprendido.
Ama por encima de tus posibilidades pero, por favor querido yo, nunca te olvides de ti.
viernes, 23 de mayo de 2014
Debes ser magia.
Sabía que eras tú cuando te conocí. Quizás fue tu pelo, o tu sonrisa, o la manera en la que me mirabas. Sabía que, aún sin haberte visto antes, llevaba toda la vida echándote de menos.
Te colaste dentro de mí a empujones, absorbiendo cada uno de los rincones de mi alma que seguían vacíos, llenando los espacios huecos y los que estaban rotos. Como si hubieras llegado en el momento preciso, para cicatrizar cada una de mis heridas con tus labios. Encerré tu recuerdo bajo llave, sin tener la capacidad de controlarlo en los momentos menos adecuados, y era entonces cuando asaltabas las dudas de las que se servía mi mente. Cuando llegabas de golpe, sin avisar, sin llamar, removiendo todo lo que encontrabas por el camino, rompiendo mis esquemas preestablecidos.
Me enamoré de ti enmedio de una de tus sonrisas, y sin quererlo, te clavaste tan adentro que por más que lo intente no puedo arrancarte.
Llegué sin mí, sin saberlo hasta que apareciste tú, y me fui contigo. Contigo en la cabeza, en el vacío de mi estómago, revolucionando todo aquello que encontrabas entre mis sueños.
Y yo pensé, qué suerte quién despierte entre tus brazos, quién haga que te sientas exactamente como yo me siento ahora, quién te haga enloquecer, y te baje la luna para subirte a ella de nuevo después de hacer el amor.
Eso debe ser la suerte, pensé. Tú debes ser suerte. Debes ser magia.
Y yo encontrándola, en este rincón.
Pero de qué sirve la magia si no estás tú.
jueves, 8 de mayo de 2014
Quizás fui yo.
Quizás me inventé yo la historia.
Quizás me inventé las fotos, las que serían instantáneas de todos nuestros viajes.
O las mil noches posteriores, las que vendrían después de la primera.
Quizás inventé los te quiero, porque esperaba oírlos con demasiada fuerza.
Y gasté los besos, los que nos dimos y los que quedaron aparcados, los que fueron a tiempo y los que llegaron demasiado tarde.
Y me deshice de tus abrazos, por querer quedarme atrapada en ellos demasiado tiempo.
Y no pude retenerte, por intentar ahogarte. O por soltarte antes de lo que quería.
Y no encontrarte.
Por perderte.
O quizás te inventé a ti.
Porque tú nunca fuiste tú.
Y sólo fuiste lo que yo creía, lo que yo imaginé.
Imaginé de más.
Y allí me quedé.
Imaginando.
Y así quedó todo.
Sin ser real.
sábado, 1 de febrero de 2014
Tú eras leyenda
Tú eras leyenda, y yo solo un cuento
y esperaba sentada en la acera cuando te vi pasar por primera vez;
y me hubiera perdido entre tus venas como si de callejones se trataran
para que me enseñaras el camino, para que me abrieras las puertas.
Te seguí con la mirada mientras seguías hacia adelante,
no me habías visto,
quizás porque acaparabas toda la luz de ese rincón.
La gente se giraba cuando pasabas, y tu ni siquiera te dabas cuenta
porque llorabas,
y aún sin conocerte, me rompiste el corazón.
¿Qué tenías que me hizo estremecer?
¿Qué brillaba en tus ojos que no me dejaba dormir?
Y adopté el insomnio como forma de vida hasta que te volví a ver.
En el mismo bar, sin la misma gente.
Y no pude evitarlo, porque no me importaba perder teniendo la posibilidad de ganarme tu sonrisa
( y tus buenos días).
Y al mirarnos se paró todo,
tú tsunami, y yo tormenta de arena
porque lo revolviste todo sin querer.
Me estrujaste el alma y me exprimiste
y te lo bebiste todo,
y me quedé quieta, con la boca seca.
Tú eras sol, y yo era luna,
pero aquella noche eras tú quien brillaba más de las dos
por eso te buscaba la sonrisa,
para que me alumbraras.
Y joder si me alumbraste,
me cegaste y tuve que seguir a tientas,
me habías ganado sin siquiera haberme tenido.
Y aún sin conocernos, me hubiera casado contigo.
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