Al final voy a cansarme de pronunciar tu nombre. Aunque sea así, sin decir ninguna de sus letras. Intento pensar en otras cosas, hago otras cosas, veo a otra gente, incluso pienso que hasta me enamoro de otras personas. Pero ¿sabes qué? Que en un nanosegundo eres capaz de volver con esa fuerza que te caracteriza, eres capaz de hacer que se me olvide todo, de devolverme a ese punto donde dejamos nuestra historia, de devolverme a ese día. De devolverme tu mirada, tus ojos que me decían adiós, tu piel que me tocaba y la mía que ardía, mis lágrimas, tu última sonrisa. No fui capaz de decirte nada de lo que sentía. No fui capaz de besarte, intenté derrochar la fuerza de mis sentimientos en ese abrazo y no lo conseguí. Me quedé con tu sonrisa. Me quedé con cada una de tus palabras. Y las guardé tan dentro de mí... Guardé las noches en vela, nuestros sueños rotos, las maletas que se quedaron en el armario porque jamás fuimos capaces de coger ningún tren que nos llevara lejos. Lejos de todo esto que nos rodeaba e impedía que huyéramos donde nada ni nadie pudiera molestarnos. Pero la cuestión es que jamás lo hicimos y yo me quedé aquí, en la misma esquina de siempre, esperando que volvieras, con un reloj en la mano que me susurraba que cada segundo que pasaba, te perdía un poco más. Hasta que se rompió. Las agujas dejaron de girar y yo dejé de esperarte, recogí los cristales y agarré el corazón, y me fui. Sin ti, una vez más. Y quise dejarte atrás durante días, durante meses, como si dejando de creer en esta historia, ésta se hiciera menos real. Dejé de creer en ti. Yo, que te quise desde el primer momento. Yo, que luchaba y luchaba y un día caí, porque no fui capaz de encontrarte.
Y ahora, que apenas pienso en ti, se me aparece tu fotografía. Y me acuerdo de todo. Y me acuerdo de ti, y por un segundo siento otra vez toda esa magia que nos envolvía. Y de mi necesidad absurda de volver a verte. Y de tu estúpida habilidad de desaparecer cuando estoy a punto de llegar.
Cierro los ojos. Quizás sin tu sonrisa grabada en el papel maché, todo es un poquito más fácil. Y quizás hasta duele menos.
lunes, 11 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
Por eso vine a hablarte.
Te estaba hablando a ti, pero por una vez... no me has oído. Quizás he sido yo que no he pronunciado lo suficientemente alto como para que me oyeras, quizás por eso no has entendido todo lo que intentaba decirte entre líneas. Empecé contándote que las cosas me van bien, que todo sigue como siempre y que de vez en cuando sigue lloviendo en mi azotea. ¿Te acuerdas? Siempre me dejaba el paraguas y tenías que taparme con tu chaqueta negra, aunque me mojaba igual. Pero no te importaba, tu siempre querías que me sintiera segura a tu lado y en el 99% de las veces lo conseguías. Recuerdo una noche en que todo estaba oscuro, en que no veía nada y solo al darme la mano conseguiste que supiera el camino, casi por instinto, casi sin quererlo. Cuando sentía tu tacto sobre mí sabia como volver sobre mis pasos, sabía como avanzar a ciegas, sabía como guiarme por lugares en los que nunca había estado. Sabía todo eso porque tú estabas cerca, y con eso me bastaba.
Luego te miré a los ojos y no dije nada. Normalmente solíamos entendernos con solo una mirada, pero parece que ahora ya no sabes leer mis pensamientos. Lo sabías todo de mi, sabías leer el mapa de mi alma y con solo abrir una puerta, dabas salida a todas mis penas, a todos mis miedos, a todas las tonterías que me impedían ser feliz. En realidad, con solo entrar en mi vida ya conseguías desarmar mis malos días, con esa sonrisa, la sonrisa de buenos-días, la de buenas-noches, la de después de decirme que me querías, todas esas y alguna más que te reservabas para las ocasiones especiales, constituían el álbum de los recuerdos más felices de mi vida. Y recuerdo que me hacías tirar adelante.
Quizás después de esto vino un suspiro, quizás miré tus pies como siempre que no sabía que decir, o quizás simplemente se me encogió el corazón. No lo sé, tengo centenares de opciones más a sospesar. Siempre dijiste que te sorprendía, que nunca supiste por donde te iba a salir. Bien, quizás tambien hoy fue una de esas ocasiones. Pero no vas a recordarlo... ya no me recuerdas, ya no piensas en mi. Y yo sólo vine a decirte que te echo de menos. Que todo esto se está haciendo insoportable. Que estás demasiado lejos y que aunque te juré mil veces que nada iba a cambiar, todo está diferente. Las cosas han cambiado porque no te tengo, y porque no puedo dejar de mirar tu foto, de mirar tus llaves, de observar que el tiempo pasa en ese reloj de cocina tan feo que te empeñaste en comprar, y que veo que no vuelves. Debo esperar, lo sé. Que querías que fuera contigo, también lo sé. Pero duele tanto, duele más que cualquier cosa que hubiera podido imaginar. Y nadie lo sabe. Solo tú. Y sólo yo. En realidad, nadie supo nada nunca. Siempre fue un secreto a voces, pero nos daba igual porque yo sabía que nos queríamos más que nada en el mundo. Y los demás no importaban, los demás no existían porque cuando conoces a alguien tan especial que cambia el rumbo de tu vida, las demás cosas dejan de tener sentido.
Por eso vine a hablar contigo, pero no estabas. Hace demasiado tiempo que no estás y ya no sé como explicarte que no quiero seguir viviendo sin ti. Haz algo. Demuéstrame que sigues aquí.
Luego te miré a los ojos y no dije nada. Normalmente solíamos entendernos con solo una mirada, pero parece que ahora ya no sabes leer mis pensamientos. Lo sabías todo de mi, sabías leer el mapa de mi alma y con solo abrir una puerta, dabas salida a todas mis penas, a todos mis miedos, a todas las tonterías que me impedían ser feliz. En realidad, con solo entrar en mi vida ya conseguías desarmar mis malos días, con esa sonrisa, la sonrisa de buenos-días, la de buenas-noches, la de después de decirme que me querías, todas esas y alguna más que te reservabas para las ocasiones especiales, constituían el álbum de los recuerdos más felices de mi vida. Y recuerdo que me hacías tirar adelante.
Quizás después de esto vino un suspiro, quizás miré tus pies como siempre que no sabía que decir, o quizás simplemente se me encogió el corazón. No lo sé, tengo centenares de opciones más a sospesar. Siempre dijiste que te sorprendía, que nunca supiste por donde te iba a salir. Bien, quizás tambien hoy fue una de esas ocasiones. Pero no vas a recordarlo... ya no me recuerdas, ya no piensas en mi. Y yo sólo vine a decirte que te echo de menos. Que todo esto se está haciendo insoportable. Que estás demasiado lejos y que aunque te juré mil veces que nada iba a cambiar, todo está diferente. Las cosas han cambiado porque no te tengo, y porque no puedo dejar de mirar tu foto, de mirar tus llaves, de observar que el tiempo pasa en ese reloj de cocina tan feo que te empeñaste en comprar, y que veo que no vuelves. Debo esperar, lo sé. Que querías que fuera contigo, también lo sé. Pero duele tanto, duele más que cualquier cosa que hubiera podido imaginar. Y nadie lo sabe. Solo tú. Y sólo yo. En realidad, nadie supo nada nunca. Siempre fue un secreto a voces, pero nos daba igual porque yo sabía que nos queríamos más que nada en el mundo. Y los demás no importaban, los demás no existían porque cuando conoces a alguien tan especial que cambia el rumbo de tu vida, las demás cosas dejan de tener sentido.
Por eso vine a hablar contigo, pero no estabas. Hace demasiado tiempo que no estás y ya no sé como explicarte que no quiero seguir viviendo sin ti. Haz algo. Demuéstrame que sigues aquí.
domingo, 5 de junio de 2011
¿Nunca has pensado que hay personas que llegan a tu vida sin quererlo y son capaces de darle un giro de 180 grados?

Gracias por enseñarme tanto y tanto, y por estar a mi lado en todo momento casi sin quererlo. Por hacerme sonreír y por demostrarme que vale la pena luchar por los sueños, darles la oportunidad que se hagan realidad. Es raro, es difícil seguir sin tus consejos, tus manías, tus miradas y tu cariño. Se hace insoportablemente extraño. Pero pasará, y volverás otra vez para decirme que estoy loca y para cumplir la promesa que juramos la última vez que nos vimos. Ya sabes bien de que hablo, siempre lo has sabido. Siempre nos hemos entendido, desde el primer momento que llegaste por casualidad. Desde el primer momento en que cruzamos las miradas y supe que serías esencial en mi a partir de ese momento. Imprescindible. Te llevo tan dentro, que es imposible no sonreír si me acuerdo de ti. Gracias una vez más. Significaste todo para mi.

Gracias por enseñarme tanto y tanto, y por estar a mi lado en todo momento casi sin quererlo. Por hacerme sonreír y por demostrarme que vale la pena luchar por los sueños, darles la oportunidad que se hagan realidad. Es raro, es difícil seguir sin tus consejos, tus manías, tus miradas y tu cariño. Se hace insoportablemente extraño. Pero pasará, y volverás otra vez para decirme que estoy loca y para cumplir la promesa que juramos la última vez que nos vimos. Ya sabes bien de que hablo, siempre lo has sabido. Siempre nos hemos entendido, desde el primer momento que llegaste por casualidad. Desde el primer momento en que cruzamos las miradas y supe que serías esencial en mi a partir de ese momento. Imprescindible. Te llevo tan dentro, que es imposible no sonreír si me acuerdo de ti. Gracias una vez más. Significaste todo para mi.
Lo intenté...
Llevo días intentando evitarlo. Intentando no pensar en ti, en que estabas lejos, en que con todo lo que te rodea, apenas ibas a tener tiempo para acordarte de mi sonrisa. Que quizás te descuidabas y por un momento olvidabas que era yo, que siempre fui yo, que estuve a tu lado hasta el final, que cumplí mi promesa de quererte en cada segundo.Que estuviste presente en cada célula de mi cuerpo y que a veces, solo a veces, nos confundíamos y era incapaz de saber si te miraba a los ojos o a través de ellos. Nadie como tú fue capaz de expresarme tanto en tan poco tiempo, nadie era capaz de acelerarme el pulso con solo tocarme, y nadie va a ser capaz nunca de hacerme mover montañas como has hecho tú. Me atrapaste, en un momento dado decidiste que querías irrumpir en mi cabeza sin parar y conseguir que poco a poco todas las cosas del mundo me llevaran hacia ti.Y lo conseguiste. Y ahora estoy en ese punto donde mire donde mire, consigo verte, pero sé que no estás, que no volverás, que siempre supe que llegaría el final. Y no quise aceptarlo. Y ahora duele, porque el querer es dolerse a veces. Porque intenté que no ocurriera e intenté sonreír por última vez, para prometerte que sería feliz y que seguiría riendo. Para que te fueras convencido de que hacías bien, de que debías seguir tu camino.
Y ahora estás lejos. Y la distancia hace el olvido. Pero el echarte de menos hace que sigas presente en mi, y así, poco a poco, sigues conmigo en la distancia. Pero no consigo ver tus ojos, tu sonrisa, escuchar ninguna de tus palabras, ninguno de los abrazos que me decía que tirara adelante y que fuera fuerte. Que fuera fuerte por ti. Eso, en la distancia, es imposible de tener. Por eso intenté evitarlo. Lo intenté... Y otra vez más, ganaste tú.
Y ahora estás lejos. Y la distancia hace el olvido. Pero el echarte de menos hace que sigas presente en mi, y así, poco a poco, sigues conmigo en la distancia. Pero no consigo ver tus ojos, tu sonrisa, escuchar ninguna de tus palabras, ninguno de los abrazos que me decía que tirara adelante y que fuera fuerte. Que fuera fuerte por ti. Eso, en la distancia, es imposible de tener. Por eso intenté evitarlo. Lo intenté... Y otra vez más, ganaste tú.
domingo, 8 de mayo de 2011
En solo un momento...
... levantaremos pasión por las aceras. Haremos que cada canción de amor hable de ti y de mi, haremos sonar cada palabra como si fuera lo más bonito que hubiéramos escuchado nunca. Conseguirás que me duela la cara de tanto sonreír, y harás que quiera detener el tiempo a cada segundo, como si se me escapara de las manos y sólo yo tuviera la facultad de hacer que esto durase toda la vida. Miraremos el mar como si fuera la primera vez, como si nunca hubiéramos visto el brillo especial que desprende a estas horas de la noche. Imaginaremos lo lejos que vamos a llegar navegando entre sus olas, y lo lejos que dejaremos el pasado, los sueños rotos, los problemas. Para empezar una nueva vida. Desde nuestro punto de vista, todo parecerá más fácil. Hasta llegaremos a tocar las estrellas con la punta de los dedos.
sábado, 7 de mayo de 2011
Profundamente.
Conozco la sensación. Sé lo que estás sintiendo ahora mismo. Girar la cabeza, verle, y sentir el corazón desbocado, a punto de salirse de tu boca. Saber que si anda cerca de tí, notarás cada centímetro de tu piel ardiendo, que tus ojos brillaran de un modo especial, que nada ni nadie te quitará la sonrisa tonta de la cara. Y oírle, oírle de lejos, pero que la voz te llegue hasta el oído, que te acaricie los tímpanos, que en un segundo haga suyos cada milímetro de tu cuerpo. Que con solo una mirada seas capaz de mover montañas, que llegues al fin del mundo solo por hacerle feliz. Conozco la sonrisa que se te dibuja en la cara cada vez que me hablas de sus cosas, de su vida, de las ganas que tienes de verle. Conozco ese brillo, conozco la ilusión que transmites en cada palabra que menciona su nombre, el sabor dulce de tu voz si me cuentas como le va, como le ha ido, y lo bien que le irá. Tienes miedo de perderle, tienes miedo de dejar de verle, de dejar de sentirle cerca. Lo sé, lo intuyo. Como ya te he dicho, conozco demasiado este sentimiento. Y no te atreves a contarme que realmente te mueres por volver a su lado, que deseas pasar cada segundo del resto de tu vida a su lado, y que le callarás a besos cuando sobren las palabras. Que entre tus brazos encontrará el lugar que perdió, que le protegerás, que le vas a querer siempre, que ni siquiera cuando se ponga triste dejarás que pierda la ilusión, la esperanza, las ganas de soñar. Te importan demasiado sus sueños como para dejar que los abandone, te importa demasiado que tenga motivos para vivir, porque si no lo hace, tú pierdes el tuyo. No hace falta que me digas que sí, que es eso lo que sientes, que no te atreves a contarme que te parece que le quieres, que esta vez le quieres de verdad, que es real, que te hace sentir absolutamente viva. No tengas miedo, vamos, te comprendo demasiado. He estado tantas veces en tu lugar. No hay que temer al amor, no hay que tener miedo de las consecuencias irreparables que va a dejar en tu corazón. En estos casos no vale el ‘mejor prevenir que curar’. No. Hay que dejarse llevar, hay que dejarse arrastrar por esta increíble fuerza que arrasa con todo. Recuerda que no pierdes nada, no tiene que importarte lo que piensen, lo que digan, lo que puedan opinar. Trata de ser feliz tú misma, y sé que tu felicidad es demasiado relativa a la suya, así que hazte feliz haciéndole feliz. Por intentarlo, no pierdes nada. Asúmelo, has caído como una imbécil. Hasta el fondo. Es el amor, que llega cuando menos te lo esperas, y donde menos te imaginas.
miércoles, 4 de mayo de 2011
En dias como estos...
Pienso en ti.
En noches como estas pienso en ti.
En el momento en que tengo los ojos inundados de lágrimas, pienso en ti.
En un segundo, todo el universo conspira y todo se transforma en ti. En tus tristezas, en tus alegrías, en la fuerza arrulladora que escondes detrás de tu sonrisa. En tus ojos, en las miradas que resuenan en mi cabeza y hacen sonar una y otra vez tu canción. Desde el momento en el que todo se desvanece y veo tu reflejo en cada esquina, las palabras se transforman hasta formar tu nombre, y el aire tiene el sabor dulce de tu voz.
En noches como estas pienso en ti.
En el momento en que tengo los ojos inundados de lágrimas, pienso en ti.
En un segundo, todo el universo conspira y todo se transforma en ti. En tus tristezas, en tus alegrías, en la fuerza arrulladora que escondes detrás de tu sonrisa. En tus ojos, en las miradas que resuenan en mi cabeza y hacen sonar una y otra vez tu canción. Desde el momento en el que todo se desvanece y veo tu reflejo en cada esquina, las palabras se transforman hasta formar tu nombre, y el aire tiene el sabor dulce de tu voz.
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