Pues sí, odio pasar por tu calle.
Ahí es donde deberíamos compartir los mejores momentos de nuestra vida, ahí es donde te vería pasar los días más grises y los más felices, ahí es donde creceríamos e iríamos creando la historia más bonita del mundo poco a poco. Ese lugar ha sido especial desde el día en que supe que podría formar parte de nuestros paisajes y nuestra vida cuotidina, de nuestras peleas y nuestras reconciliaciones, de noches en vela y de días bajo una manta y una peli en el sofá. Es un lugar donde quiero ser feliz, donde no puedo dejar de tener la esperanza de que hay una posibilidad entre un millón de serlo, aunque en el fondo, me parezca imposible. Da igual plantearme si una vez allí, sería correcto o no dejar que ese lugar fuera mi segunda vida, porque no va a pasar. Pero me jode, me jode recorrer la misma acera que tú cada dia y no poder hacerlo a tu lado. Y aún me joderá más cuando ni siquiera la pises tú.
Porque también odio esa calle porque me recuerda que falta poco, menos de lo que imagino, para que pase a ser tan solo tu pasado, tu recuerdo, una parte de tu vida encerrada bajo llave en una habitación en la que ya nadie se encargará de pasarle el polvo. Polvo que va a acumular todas las risas, lágrimas y palabras que has llenado ahí dentro con pequeños momentos de la rutina de tu día a día. Que esa ya no será tu casa, ya no será tu hogar, y que una vez más, volveré a caer en picado al ver que estás más y más lejos cada día
No sabes la de veces que he pasado por eso. Y no quiero, no quiero que se repita de nuevo. No quiero volver a pasar por delante de tu casa y quedarme como una tonta observando la puerta sin decir nada. No quiero buscarte por las esquinas ni pensar que podemos cruzarnos en cualquier momento. Ni tu parada de metro, ni tu quiosco, ni tu panadería ni nada, no quiero que ninguno de esos sitios signifique nada para mí. Ni que tú signifiques para mi más de lo que debes hacerlo. Odio quererte. Y odio, a la vez, querer pasar todo el tiempo del mundo en esa calle... solo porque es tu calle.
martes, 6 de diciembre de 2011
domingo, 4 de diciembre de 2011
Por una sola vez.
Me va a dar igual todo, porque voy a mirarte a los ojos y voy a decirte que te quiero. Que te prometo que te voy a querer como no te ha querido nadie y que llevo tanto tiempo esperando sentir algo así por alguien que conmigo, vas a ser la persona más feliz del universo. Y en un solo beso, vas a saber todo lo que me he callado. Y querré que me abraces y me digas que me echarás inifinitamente de menos. Y no aguantaré las lágrimas al jurarte que voy a pensar en ti y tu en mi, que voy a soñar con tu sonrisa cada noche y que por más lejos que estés, nos iluminará la misma luz cada dia. Que voy a sentirte siempre a dos centímetros de mi, que la distancia, el frío, la lluvia ni el puto invierno van a conseguir que me olvide de ti, de todo, de cada momento a tu lado. Que me levantaré, una y otra vez, cuando me caiga después de romperme por dentro al sentir el vacío de tu ausencia como un puñal. Ahí en medio, donde más duele. Que cogeré todos los trenes del mundo para venir a verte y para que me recibas con los brazos abiertos y una sonrisa que resplandezca desde todos los puntos del andén. Que te quede claro que quiero intentarlo, que quiero arriesgarme por ti y por nadie más, y que me da igual lo que pase, lo que venga y lo que conlleve esto, que por ti me iría hasta el fin del mundo y por ti, sería lo que quiero ser.
Así que de repente, voy a darte la mano y te apartaré de la gente. Ellos nos miraran y el sabor a despedida flotará encima de nuestras cabezas, tu carita feliz e ilusionada por lo que viene y mi pecho partido en dos por tu marcha. Latidos, sonrisas, miradas y dos putas palabras. 'Quédate conmigo'. Y no vas a entender nada y pondrás esa cara que pones cuando te confundes. Y lo repetiré las veces que haga falta. Y será entonces cuando entiendas que te quiero y que empecé a quererte hace mucho tiempo. Y que no puedes quererme, no debes. Ni yo a ti, pero lo hago, así que yo querré que tú lo intentes. Aunque sea solo porque la primera cosa que quiero ver al despertar son tus ojos. Aunque sea porque me estoy volviendo una cursi y una idiota por ti. Aunque sea porque en ese instante me estaré muriendo de amor y, por una sola vez, querré que tú también lo hagas.
Así que de repente, voy a darte la mano y te apartaré de la gente. Ellos nos miraran y el sabor a despedida flotará encima de nuestras cabezas, tu carita feliz e ilusionada por lo que viene y mi pecho partido en dos por tu marcha. Latidos, sonrisas, miradas y dos putas palabras. 'Quédate conmigo'. Y no vas a entender nada y pondrás esa cara que pones cuando te confundes. Y lo repetiré las veces que haga falta. Y será entonces cuando entiendas que te quiero y que empecé a quererte hace mucho tiempo. Y que no puedes quererme, no debes. Ni yo a ti, pero lo hago, así que yo querré que tú lo intentes. Aunque sea solo porque la primera cosa que quiero ver al despertar son tus ojos. Aunque sea porque me estoy volviendo una cursi y una idiota por ti. Aunque sea porque en ese instante me estaré muriendo de amor y, por una sola vez, querré que tú también lo hagas.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Adiós.
Recuerdo la última vez que nos vimos. Fui como siempre, a la azotea donde solíamos encontrarnos y estabas allí, mirándome y con la bufanda tapándote la sonrisa. El viento soplaba muy fuerte y el frío se metía en mis huesos casi paralizándolos, pero yo seguí andando hacia ti, no sonreía y no quería mirarte, no podía hacerlo.
'No puedo'. Pronuncié. Me entendiste, solo eso fue suficiente para que tus ojos se llenaran de lágrimas mientras intentabas buscar palabras para decir que me comprendías, que aunque sabías que podía pasar pensabas que el amor estaba por encima de todo eso...
y fuimos incapaces de decirnos adiós.
y fuimos incapaces de decirnos adiós.
Sensaciones.
¿Por qué tengo la sensación de que todo lo que hago últimamente es incorrecto?
Porque quizá lo es. Sin darme cuenta, me estoy ahogando. Todo sigue igual que siempre, todo. Una calma exasperante lo impregna todo del mismo color y acabo en esta monotonía que llevo odiando 16 años. He sido feliz, he sido muy feliz y aún sigo siéndolo. Pero sólo a veces. Intento serlo a tiempo completo, pero no siempre es así. Hay muchas cosas que quisiera cambiar. A veces, me gustaría ser yo. Yo misma, yo como soy.
Y encontrar a alguien que fuera como soy. Como quiero ser.
A veces me harto de todo el mundo.
Porque quizá lo es. Sin darme cuenta, me estoy ahogando. Todo sigue igual que siempre, todo. Una calma exasperante lo impregna todo del mismo color y acabo en esta monotonía que llevo odiando 16 años. He sido feliz, he sido muy feliz y aún sigo siéndolo. Pero sólo a veces. Intento serlo a tiempo completo, pero no siempre es así. Hay muchas cosas que quisiera cambiar. A veces, me gustaría ser yo. Yo misma, yo como soy.
Y encontrar a alguien que fuera como soy. Como quiero ser.
A veces me harto de todo el mundo.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Aquí
El día en que pueda cogerte de la mano y besarte en medio de todo el mundo. Que acaricie tu cara con la yema de mis dedos y se detenga el tiempo, que te de la mano y seas capaz de seguirme donde sea. El día en que con solo mirarnos seamos capaces de decirnos todo lo descriptible, que sientas lo mismo que yo al rozarme, al juntar tus labios con los míos.
No sabes lo que daría por tenerte entre mis brazos y perderme en ellos todo el tiempo que fuera necesario. No sabes lo que daría porque estuvieras aquí.
No sabes lo que daría por tenerte entre mis brazos y perderme en ellos todo el tiempo que fuera necesario. No sabes lo que daría porque estuvieras aquí.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Nada.
¿Por qué me empeño en creer en algo que no existe, en algo que jamás ha existido y nunca existirá?
Intento buscar una razón lógica en todo esto, intento razonar conmigo misma y me doy mil explicaciones que sé que no me sirven de nada. El corazón no atiende a razones, edades, ni a nada. El corazón no sabe nada. Y el amor tampoco. Es una de esas cosas que llega sin esperarlas, sin buscarlas, sin poder hacer nada por pararlas. Llega y arrasa con todo lo que tienes alrededor, te rompe los planes, te quita el sueño, te hace soñar despierta, te crea un huracán de sentimientos dentro, y a ti solo te gustaría romper con todo y gritar.
Y no se puede hacer nada, no se puede pretender que no existe, que no hay nada. Que no se siente nada. Porque él mismo se encarga de recordarte segundo tras segundo de que está presente en ti, de que existe. De que existe esa fuerza dentro de ti y existe esa persona por la que suspiras. La misma que te paraliza el corazón cada vez que os cruzais. Y bajas la mirada y la pierdes en la nada, no ves, no oyes, no puedes escuchar nada ni nadie. Porqué está solo ella. Esa persona que te da toda la fuerza del mundo con solo mirarte, que te roza con un dedo y te lanza al espacio, que te abraza y te detiene el tiempo. ¿Como se puede vivir así? Con la idea de algo que en verdad no se hará nunca realidad. Porque no puedo, ni debo, ni (en lo más hondo) quiero que suceda. Es difícil, es tan complicado que no se puede ni siquiera explicar.
No se puede. No existen palabras para definir eso. Yo creía que sí, yo creía que todo en este mundo tiene una explicación, una razón lógica. Esto no.
Esto ocurre, esto pasa sin quererlo. Ni deseando con todas tus fuerzas que no pase, pasa. Llega. Y se apodera de ti. Te come por dentro. Se hace dueño de tus entrañas. Te hace temblar, te multiplica por mil los latidos del corazón. Una y otra vez, una y otra vez, hasta que no puedes aguantar más.
Callas o intentas resumirlo en palabras. Sigues esperando o te juegas todas tus cartas en una sola mano. Te arriesgas. Puedes ganar o puedes perder. Pero ahora no hay nada que hacer, no hay opciones, no hay partida ni ganador. Sabes que lo vas a perder todo hagas lo que hagas. Y sólo se trata de intentar esconderlo y convencerte a tí misma de que todo saldrá bien. Que habrá algun día en que no te despiertes con su imagen, que cuando pienses en esos recuerdos tan tontos pero a la vez tan especiales, no sientas ese flechazo en el corazón.
Todo empezó de la manera más tonta. Y mira como ha acabado.
Yo aquí, muriendo de amor. Tú lejos, observando el horizonte con una sonrisa en la cara.
Y en medio, todo lo que no sé de ti, todo lo que no te imaginas sobre mí. Tus secretos, tu vida, tu rutina, tu mundo especial, en el que mi conocimiento acerca de él se queda reducido a un par de palabras. Lo que imagino, lo que me cuentas. Todo lo que nos separa. La distancia insalvable que hay entre tú y yo.
Inalcanzable.
Intento buscar una razón lógica en todo esto, intento razonar conmigo misma y me doy mil explicaciones que sé que no me sirven de nada. El corazón no atiende a razones, edades, ni a nada. El corazón no sabe nada. Y el amor tampoco. Es una de esas cosas que llega sin esperarlas, sin buscarlas, sin poder hacer nada por pararlas. Llega y arrasa con todo lo que tienes alrededor, te rompe los planes, te quita el sueño, te hace soñar despierta, te crea un huracán de sentimientos dentro, y a ti solo te gustaría romper con todo y gritar.
Y no se puede hacer nada, no se puede pretender que no existe, que no hay nada. Que no se siente nada. Porque él mismo se encarga de recordarte segundo tras segundo de que está presente en ti, de que existe. De que existe esa fuerza dentro de ti y existe esa persona por la que suspiras. La misma que te paraliza el corazón cada vez que os cruzais. Y bajas la mirada y la pierdes en la nada, no ves, no oyes, no puedes escuchar nada ni nadie. Porqué está solo ella. Esa persona que te da toda la fuerza del mundo con solo mirarte, que te roza con un dedo y te lanza al espacio, que te abraza y te detiene el tiempo. ¿Como se puede vivir así? Con la idea de algo que en verdad no se hará nunca realidad. Porque no puedo, ni debo, ni (en lo más hondo) quiero que suceda. Es difícil, es tan complicado que no se puede ni siquiera explicar.
No se puede. No existen palabras para definir eso. Yo creía que sí, yo creía que todo en este mundo tiene una explicación, una razón lógica. Esto no.
Esto ocurre, esto pasa sin quererlo. Ni deseando con todas tus fuerzas que no pase, pasa. Llega. Y se apodera de ti. Te come por dentro. Se hace dueño de tus entrañas. Te hace temblar, te multiplica por mil los latidos del corazón. Una y otra vez, una y otra vez, hasta que no puedes aguantar más.
Callas o intentas resumirlo en palabras. Sigues esperando o te juegas todas tus cartas en una sola mano. Te arriesgas. Puedes ganar o puedes perder. Pero ahora no hay nada que hacer, no hay opciones, no hay partida ni ganador. Sabes que lo vas a perder todo hagas lo que hagas. Y sólo se trata de intentar esconderlo y convencerte a tí misma de que todo saldrá bien. Que habrá algun día en que no te despiertes con su imagen, que cuando pienses en esos recuerdos tan tontos pero a la vez tan especiales, no sientas ese flechazo en el corazón.
Todo empezó de la manera más tonta. Y mira como ha acabado.
Yo aquí, muriendo de amor. Tú lejos, observando el horizonte con una sonrisa en la cara.
Y en medio, todo lo que no sé de ti, todo lo que no te imaginas sobre mí. Tus secretos, tu vida, tu rutina, tu mundo especial, en el que mi conocimiento acerca de él se queda reducido a un par de palabras. Lo que imagino, lo que me cuentas. Todo lo que nos separa. La distancia insalvable que hay entre tú y yo.
Inalcanzable.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Lugares.
Hay lugares en los que he vivido tantas cosas que se me hace extremadamente duro volver a pasar por ahí sin las personas, la situación y el tiempo que lo hicieron especial. Es difícil pasar por delante de un sitio donde has vivido los momentos más felices de tu vida y que te crezca una profunda nostalgia que te recorra de arriba abajo en solo un segundo.
No me gusta pasear por lugares que creí que durarían para siempre y que ahora solo forman parte de mis recuerdos. Siempre me ha hecho daño tener que recorrer mis huellas y tragarme los suspiros de felicidad que exhalé un día en el mismo sitio por el que ahora paso con el corazón en la mano.
Es duro. Es duro pero poco a poco, tienes que intentar guardar la esencia de lo vivido y entender que lo que es importante es la magnitud del recuerdo, aquello inolvidable, y no el sitio en el que estabas. Vas dejando espacio para que muchos otros lugares ocupen tu corazón y aunque para ti aquel paisaje siempre tendrá un significado especial ligado a una fecha y a un momento determinado de tu vida, se trata de recoger ese momento y guardarlo en el corazón bajo llave. Solo de esta manera podrás volver a visitar todos esos sitios sin que te duela, sin que creas que haciéndolo se perderá la magia que lo envolvía. Solo así podrás empezar a vivir otras cosas que quizás lleguen a ser tan especiales, o incluso más, como un día lo fueron las otras.
No me gusta pasear por lugares que creí que durarían para siempre y que ahora solo forman parte de mis recuerdos. Siempre me ha hecho daño tener que recorrer mis huellas y tragarme los suspiros de felicidad que exhalé un día en el mismo sitio por el que ahora paso con el corazón en la mano.
Es duro. Es duro pero poco a poco, tienes que intentar guardar la esencia de lo vivido y entender que lo que es importante es la magnitud del recuerdo, aquello inolvidable, y no el sitio en el que estabas. Vas dejando espacio para que muchos otros lugares ocupen tu corazón y aunque para ti aquel paisaje siempre tendrá un significado especial ligado a una fecha y a un momento determinado de tu vida, se trata de recoger ese momento y guardarlo en el corazón bajo llave. Solo de esta manera podrás volver a visitar todos esos sitios sin que te duela, sin que creas que haciéndolo se perderá la magia que lo envolvía. Solo así podrás empezar a vivir otras cosas que quizás lleguen a ser tan especiales, o incluso más, como un día lo fueron las otras.
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