"Y así fue como los lunes se convirtieron en proyectos de viernes...
Y yo aquí, sin estudiar, pensando en sus ojos, su boca, su forma de mirar, y entre las palabras lees su nombre, y te giras, y cierras los ojos para poderla besar. Y que son 5 días de sólo imaginar, en la playa, en la calle, en su cama, pensar en sus manías, sus tonterías, la manera en la que te hace sonrojar. Y así fue como sucedió, sin querer, viendo su silueta perderse entre las vías del tren, cogiendo su brazo y tirándote encima, mirar a sus ojos y sonreírle a sus labios por última vez. Y luego subes y te apoyas mirando la ventana, viendo los árboles correr, mirando hacia el cielo y pensando que otra vez se os ha vuelto a atardecer, mientras tocas tu mano pensando que quizás así toques su piel. Y tu inconsciente se va con su adiós, y tú escuchas música para olvidar el sonido de su voz, para olvidar que hace nada mirabais sentadas la playa las dos. Recordar su calor y su frío y el dulce sabor de su cuerpo y el mío, como si en los recuerdos pudieras sentir el calor de su abrigo. Pero sonríes porque esta vez quizás has ganado y no has perdido, como antes cuando en todas las partidas tenías que rendirte, o mover las fichas y apartarte y hundirte. Y notas que ya no recuerdas ni siquiera el dolor que sentías entonces, porque ella sin buscarte llegó y luego decidió quedarse, borrando las heridas que hicieron otros al marcharse. Y de repente te das cuenta de que nada te importa, y que encuentras en ella lo que no pudiste ver en otra, porque te mira y te comprende, y reconstruye otra vez la teoría de que a veces la vida vuelve y te sorprende."
lunes, 1 de julio de 2013
lunes, 17 de junio de 2013
Cosas que quiero decirte (y que nunca te voy a decir)
Nunca vas a saber qué sentí, qué hice, qué pensé. Nunca vas a saber qué es exactamente lo que pasó por mi cabeza a partir de ese momento. Bueno, algunas cosas sí las sabes. Me conoces suficiente pero creo que ni siquiera tú has parado a pensar que reaccioné exactamente como tantas otras veces y que hice exactamente lo que des del primer día en que te conocí tuve miedo de hacer. Que me sentí pequeña, que me tiré en un rincón del sofá e intenté odiarte, intenté apagar las lágrimas pensando que al fin y al cabo tenías razón. Que intenté hacerme fuerte, que intenté que no me importaras, que intenté borrarte del historial de mi vida a patadas en un solo segundo. Así cada noche, así cada mañana. Que te eché de menos hasta límites insospechables, que me rompiste por dentro. Y ni siquiera yo sabía que alguien era capaz de sentirse así. Tú sí lo sabías. Pero yo no, porque quizás nunca me había sentido así.
Pero ahora ya da igual ¿verdad? Ahora qué más da.
Tampoco vas a saber que me hiciste mucho daño, porqué nunca creí que fueras a hacer lo que hiciste, que rompiste la magia en un segundo y aún no sé exactamente porqué. Ni siquiera tú puedes saberlo, debe ser que siempre has pensado más con la cabeza que con el corazón y yo siempre he sido justo lo contrario. O quizás no, quizás nunca llegué a conocerte y sencillamente todo acabó como des del primer momento creí que acabaría. Aunque luego estuviera mucho tiempo pensando que estuve equivocada, que no eras así.
No vas a saber que sigo pensando en ti a casi todas horas, que el mundo confabula para que me esté acordando de ti siempre. Ni que me duele verte así, vernos así, ver lo que haces o dejas de hacer. Que no quiero saber lo que piensas, porque me da miedo que me confirmes que no piensas igual que yo, porque quizás nunca lo hiciste. O quizás sí. Pero nunca llegaré a saberlo, porque me duele pensar que me cuesta creerte.
No vas a saber que me acosté tantas noches creyendo que nunca me quisiste, que me acosté tantas noches dándole vueltas a cosas que yo nunca habría hecho y tú sí, intentando entenderlo todo. No te reprocho nada, simplemente intentaba darle un sentido, una explicación.
Quizás piensas que no te echo de menos, que no te quiero, que estoy bien. Hace tiempo que no sé lo que es sentirse bien de verdad. Todo lo que decía lo decía con el corazón, todo lo que te prometí no pensaba romperlo, y no lo he roto. Yo he estado aquí cada segundo, pero te marchaste. Y el tiempo siempre ha jugado en nuestra contra y no quiero decir que ahora es tarde, pero lo es. Quizás dentro de un tiempo vuelva a ser el momento, quizás ya no sea tarde. Y no quiero esperar ese momento pero lo espero. Te espero a ti, casi todo el tiempo, aunque tú eso no lo sepas, ni yo te lo vaya a decir.
Igual que no sabrás que me he culpado de todo esto cada segundo que ha pasado. Que no hice lo suficiente, que dejé que te marcharas, que debí dejarlo todo para correr detrás de ti. Sí, tienes razón, debía haberlo hecho, siento haberte fallado ya más de una vez. Pero al igual que no sabes que siempre creí que querías marcharte, tampoco vas a saber que si no me fui detrás de ti es porque no quería quedarme llorando en la calle o que tú, con tu calma habitual que me exaspera me dijeras que si te habías ido es porque habías querido irte. Y yo contra eso no podía hacer nada, ¿lo entiendes, no?
Quizás es mejor así. O quizás así pensabas tú. Desde luego, fuera lo que fuera lo que pensabas, te equivocabas. No debiste irte, pero te fuiste.
Y así quedó todo, como si nada hubiera servido. Como si tú nunca me hubieras pedido que no me marchara antes de tiempo. Yo nunca me habría ido, quizás incluso me hubiera ido contigo donde fuera que habrías acabado yendo. Lo decía de verdad, siempre lo dije de verdad. La idea de no tenerte me destrozaba por dentro.
Y aún lo sigue haciendo, pero ahora ya no es sólo una idea lo que es casi insoportable.
Lo único que no quiero es que sigas haciéndote ideas sobre como estoy o dejo de estar porqué no lo sabes, porque no has estado ni en una tercera parte de las noches en las que he caído de nuevo, en las que he tropezado y me he levantado buscándote por todas partes. En el fondo, intentando odiarte. Porque aunque no tuviera razones para enfadarme ni lo hice ni lo estoy, me dolió tanto... No te voy a decir a lo que me refiero porque ya lo sabes. Pero yo no tengo derecho a decirte nada.
De hecho, sólo quería que (no) supieras que sigo estando donde siempre, y que aunque ahora mismo no podría volver a tu lado, moriría por saber que tú también morirías por conocerme por tercera vez.
Pero ahora ya da igual ¿verdad? Ahora qué más da.
Tampoco vas a saber que me hiciste mucho daño, porqué nunca creí que fueras a hacer lo que hiciste, que rompiste la magia en un segundo y aún no sé exactamente porqué. Ni siquiera tú puedes saberlo, debe ser que siempre has pensado más con la cabeza que con el corazón y yo siempre he sido justo lo contrario. O quizás no, quizás nunca llegué a conocerte y sencillamente todo acabó como des del primer momento creí que acabaría. Aunque luego estuviera mucho tiempo pensando que estuve equivocada, que no eras así.
No vas a saber que sigo pensando en ti a casi todas horas, que el mundo confabula para que me esté acordando de ti siempre. Ni que me duele verte así, vernos así, ver lo que haces o dejas de hacer. Que no quiero saber lo que piensas, porque me da miedo que me confirmes que no piensas igual que yo, porque quizás nunca lo hiciste. O quizás sí. Pero nunca llegaré a saberlo, porque me duele pensar que me cuesta creerte.
No vas a saber que me acosté tantas noches creyendo que nunca me quisiste, que me acosté tantas noches dándole vueltas a cosas que yo nunca habría hecho y tú sí, intentando entenderlo todo. No te reprocho nada, simplemente intentaba darle un sentido, una explicación.
Quizás piensas que no te echo de menos, que no te quiero, que estoy bien. Hace tiempo que no sé lo que es sentirse bien de verdad. Todo lo que decía lo decía con el corazón, todo lo que te prometí no pensaba romperlo, y no lo he roto. Yo he estado aquí cada segundo, pero te marchaste. Y el tiempo siempre ha jugado en nuestra contra y no quiero decir que ahora es tarde, pero lo es. Quizás dentro de un tiempo vuelva a ser el momento, quizás ya no sea tarde. Y no quiero esperar ese momento pero lo espero. Te espero a ti, casi todo el tiempo, aunque tú eso no lo sepas, ni yo te lo vaya a decir.
Igual que no sabrás que me he culpado de todo esto cada segundo que ha pasado. Que no hice lo suficiente, que dejé que te marcharas, que debí dejarlo todo para correr detrás de ti. Sí, tienes razón, debía haberlo hecho, siento haberte fallado ya más de una vez. Pero al igual que no sabes que siempre creí que querías marcharte, tampoco vas a saber que si no me fui detrás de ti es porque no quería quedarme llorando en la calle o que tú, con tu calma habitual que me exaspera me dijeras que si te habías ido es porque habías querido irte. Y yo contra eso no podía hacer nada, ¿lo entiendes, no?
Quizás es mejor así. O quizás así pensabas tú. Desde luego, fuera lo que fuera lo que pensabas, te equivocabas. No debiste irte, pero te fuiste.
Y así quedó todo, como si nada hubiera servido. Como si tú nunca me hubieras pedido que no me marchara antes de tiempo. Yo nunca me habría ido, quizás incluso me hubiera ido contigo donde fuera que habrías acabado yendo. Lo decía de verdad, siempre lo dije de verdad. La idea de no tenerte me destrozaba por dentro.
Y aún lo sigue haciendo, pero ahora ya no es sólo una idea lo que es casi insoportable.
Lo único que no quiero es que sigas haciéndote ideas sobre como estoy o dejo de estar porqué no lo sabes, porque no has estado ni en una tercera parte de las noches en las que he caído de nuevo, en las que he tropezado y me he levantado buscándote por todas partes. En el fondo, intentando odiarte. Porque aunque no tuviera razones para enfadarme ni lo hice ni lo estoy, me dolió tanto... No te voy a decir a lo que me refiero porque ya lo sabes. Pero yo no tengo derecho a decirte nada.
De hecho, sólo quería que (no) supieras que sigo estando donde siempre, y que aunque ahora mismo no podría volver a tu lado, moriría por saber que tú también morirías por conocerme por tercera vez.
martes, 11 de junio de 2013
Y de repente, abres la puerta...
Y sonríes. Sonríes como sólo tú sabes sonreír, y pones esa mirada que me gusta tanto, y te revuelves el pelo mientras buscas algo en los bolsillos.
Y de repente te cruzas con mis ojos, y me doy cuenta de que mis manos tiemblan, de que estoy temblando por dentro como una niña pequeña, que me encanta tenerte cerca y que me encanta mirarte. Porque me recuerda que sigo viva y que mi corazón no es sólo un músculo que se mueve por impulsos, me recuerdas que sale el Sol, y que se pueden sentir mariposas en el estómago sólo con cruzarte con una persona. No te quiero, pero te regalaría mi primera sonrisa del día. Y me quedo quieta y por dentro suplico que no te des cuenta de que he enrojecido, de que me estoy quemando por dentro, y que de repente siento como si tuviera diez años menos y me hago pequeña. Pequeña a tu lado, mientras tú sigues sonriendo y yo sigo derritiéndome ahí, justo a veinte centímetros de ti.
Y entonces te girarías, y nuestras miradas coincidirían en espacio y tiempo, y te darías cuenta de que tú también tienes cosas que regalarme y más de las que imaginas, y te acercarías, y me rozarías la piel, y te encenderías como yo. Y el silencio invadiría todo a nuestro alrededor, y mientras me seguirías mirando, poco a poco el mundo iría desapareciendo hasta convertirse en algo insignificante para nosotros dos. Y de repente, sin saber porqué, ni cómo ni en qué momento nos habríamos acercado tanto, juraría que estaría sintiendo tu aliento en mi piel. Tan cerca...
Sin embargo, sacas las manos de los bolsillos y me preguntas si tengo un cigarro.
Y de repente te cruzas con mis ojos, y me doy cuenta de que mis manos tiemblan, de que estoy temblando por dentro como una niña pequeña, que me encanta tenerte cerca y que me encanta mirarte. Porque me recuerda que sigo viva y que mi corazón no es sólo un músculo que se mueve por impulsos, me recuerdas que sale el Sol, y que se pueden sentir mariposas en el estómago sólo con cruzarte con una persona. No te quiero, pero te regalaría mi primera sonrisa del día. Y me quedo quieta y por dentro suplico que no te des cuenta de que he enrojecido, de que me estoy quemando por dentro, y que de repente siento como si tuviera diez años menos y me hago pequeña. Pequeña a tu lado, mientras tú sigues sonriendo y yo sigo derritiéndome ahí, justo a veinte centímetros de ti.
Y entonces te girarías, y nuestras miradas coincidirían en espacio y tiempo, y te darías cuenta de que tú también tienes cosas que regalarme y más de las que imaginas, y te acercarías, y me rozarías la piel, y te encenderías como yo. Y el silencio invadiría todo a nuestro alrededor, y mientras me seguirías mirando, poco a poco el mundo iría desapareciendo hasta convertirse en algo insignificante para nosotros dos. Y de repente, sin saber porqué, ni cómo ni en qué momento nos habríamos acercado tanto, juraría que estaría sintiendo tu aliento en mi piel. Tan cerca...
Sin embargo, sacas las manos de los bolsillos y me preguntas si tengo un cigarro.
martes, 21 de mayo de 2013
First.
<< Me gusta demasiado pensar en la primera vez que te vi y en cómo empezó todo. Entonces yo no sabía que estaría enamorada de ti desde ese milisegundo, ni tú imaginabas que ibas a revolucionar todos mis esquemas con sólo una sonrisa.
Y yo te miraba y pensaba que podría haberme perdido en tu ojos las veces que hiciera falta con tal de que me miraras y que te hubiera seguido a cualquier sitio si me lo hubieras pedido. Yo tenía demasiadas ganas de perderme contigo y tú querías que me perdiera calle abajo porque hay casualidades que no siempre llegan en el momento adecuado, y yo fui una de ellas.
Pero todo quedó atrás y sólo de vez en cuando eras capaz de sacarme una sonrisa, de revolver mi estómago con un par de notas pero todo lo que había empezado una noche como otra cualquiera, se apagó y cuando salió el sol yo no quería ni acordarme de tu nombre... >>
Sé que siempre te ha gustado saber como empezó todo, saber que me hicieron falta sólo siete segundos antes de que abrieras la puerta para saber que había empezado a quererte.
Y no sé cuantas veces llegué a contártelo. Sólo para que sonrieras y yo me muriera de vergüenza.
Y ahora que daría lo que fuera por contártelo un millón de veces más si hiciera falta.
Y yo te miraba y pensaba que podría haberme perdido en tu ojos las veces que hiciera falta con tal de que me miraras y que te hubiera seguido a cualquier sitio si me lo hubieras pedido. Yo tenía demasiadas ganas de perderme contigo y tú querías que me perdiera calle abajo porque hay casualidades que no siempre llegan en el momento adecuado, y yo fui una de ellas.
Pero todo quedó atrás y sólo de vez en cuando eras capaz de sacarme una sonrisa, de revolver mi estómago con un par de notas pero todo lo que había empezado una noche como otra cualquiera, se apagó y cuando salió el sol yo no quería ni acordarme de tu nombre... >>
Sé que siempre te ha gustado saber como empezó todo, saber que me hicieron falta sólo siete segundos antes de que abrieras la puerta para saber que había empezado a quererte.
Y no sé cuantas veces llegué a contártelo. Sólo para que sonrieras y yo me muriera de vergüenza.
Y ahora que daría lo que fuera por contártelo un millón de veces más si hiciera falta.
Aire.
Estaba sentada en el sofá, hacía sol (de hecho, era el primero de muchos días en que hacía sol), y miraba al frente. En su cabeza luces, coches, vasos llenos de bebidas de colores, cigarros medio apagados, medias rotas, faldas cortas, camisetas largas.Aún escucha el pitido en sus orejas, aún tiene los recuerdos borrosos en la mente cada vez que cierra los ojos. Y la tele está encendida, y fuera sigue haciendo sol. Y parece que está bien.
Y entonces se da cuenta. Todo lo extraño que envolvía aquel lugar, notaba que faltaba algo y que algo le impedía sentirse bien. Y todo era culpa del aire. Porque el aire estaba impregnado de nostalgia y el aire invadía la habitación y lo llenaba todo de recuerdos, de historias, quizás de historias que ya sólo eran recuerdos. Y se daba cuenta de que ni miraba la tele, ni se reía recordando aquella noche, y que no fue hasta que alguien le comentó que había parado de llover que no se dio cuenta de que brillaba el sol. Porque llevaba días, semanas incluso, echando de menos. Echando de menos una sonrisa, una mirada, un "buenas noches", un "te quiero". Sus abrazos. Y sobretodo, echaba de menos volver a casa y saber que de una forma u otra estaría allí hasta las tantas de la madrugada, hablando, riendo, y pensando en ella. Porque ella seguía haciendo lo mismo, de hecho sólo hacía eso. Pero sin reír y sin hablar, y sin estar a su lado. Sola mirando al frente preguntándose qué pasaba en aquel sitio que la hacía sentirse así. Hasta que se dio cuenta de que no se trataba del sitio, sino de ella.
Que no se trataba del sitio, sino de su ausencia.
Y entonces se da cuenta. Todo lo extraño que envolvía aquel lugar, notaba que faltaba algo y que algo le impedía sentirse bien. Y todo era culpa del aire. Porque el aire estaba impregnado de nostalgia y el aire invadía la habitación y lo llenaba todo de recuerdos, de historias, quizás de historias que ya sólo eran recuerdos. Y se daba cuenta de que ni miraba la tele, ni se reía recordando aquella noche, y que no fue hasta que alguien le comentó que había parado de llover que no se dio cuenta de que brillaba el sol. Porque llevaba días, semanas incluso, echando de menos. Echando de menos una sonrisa, una mirada, un "buenas noches", un "te quiero". Sus abrazos. Y sobretodo, echaba de menos volver a casa y saber que de una forma u otra estaría allí hasta las tantas de la madrugada, hablando, riendo, y pensando en ella. Porque ella seguía haciendo lo mismo, de hecho sólo hacía eso. Pero sin reír y sin hablar, y sin estar a su lado. Sola mirando al frente preguntándose qué pasaba en aquel sitio que la hacía sentirse así. Hasta que se dio cuenta de que no se trataba del sitio, sino de ella.
Que no se trataba del sitio, sino de su ausencia.
jueves, 16 de mayo de 2013
Me cuesta tanto.
Cada noche es la misma historia. Intento no hacerlo, intento no ver tus fotos, o hablarte, o leerte. Intento pensar que nunca has formado parte de mi para que ni siquiera me asalten los recuerdos. Y no trato de hacerlo porque me arrepienta de nada, porque quiera borrarte de mi vida, sino porque me es imposible pensar que estuviste y ya no estás en ella. Pero no puedo.
Te juro que lo he intentado. Ahora tú sonreirías porque soy una imbécil y parece que siempre esté llorando. Parece que ya ni siquiera puedo hablar de ti.
¿Sabes? Todos los días cuando me levanto intento imaginarme como era todo cinco meses antes. Intento pensar que era feliz entonces y que ¿porque no debería serlo ahora pues? Cada día cuando me levanto me repito a mi misma que no me voy a morir solo porque tú no estés, que todo pasará, que el tiempo lo cura y lo cambia todo. Cada día la misma historia. Y parece que a veces, eso me consuela y que sí, que estoy bien. Pero es solo una manera tonta de engañar al subconsciente, porque estás en todos lados. Porque me imagino qué harías tú, que opinarías tú, como te llamaría para decirte que esta noche es una noche de mierda, como me arreglaría para que me vieras y siguieras pensando que estoy mejor recién levantada. Me imagino lo que dirías, imagino como te abrazaría, imagino que cada vez que salgo de casa, aún me esperas tú, donde siempre. Y sigo teniendo los horarios de los trenes colgados, y tus billetes desparramados por encima de la mesa. Y sigues estando en cada milímetro de mi piel.
¿Sabes qué? Hoy he leído una carta que hice nueve meses antes, donde teníamos que contar los propósitos que teníamos en mente para conseguir este año, y así cuando llegara Junio pudiéramos ver si se habían cumplido. Y lo primero que he hecho al abrir el sobre es leer tu nombre. En la primera línea. En un rotulador rosa, acorde con lo cursi que soy y seguiré siendo. Ya hace nueve meses que empecé a querer que te enamoraras de mi. Y hace nueve meses que no he dejado de quererte.
Y luego, lo primero que he pensado es en correr a hablarte para contártelo, porque me ha hecho gracia que ya entonces supiera que te quería en mi vida. Pero nunca pensé que cuando abriera ese sobre de nuevo, todo esto hubiera ocurrido. No sé si alegrarme o morirme de rabia como llevo haciendo todo el día y prácticamente todo el mes. Hoy he vuelto a mirar la hora, y eran las 20.20, y me he dado cuenta que no se me ocurría nada que pudiera desear. Porque siempre has estado en todos esos deseos tontos, aunque nunca te lo haya dicho y aunque sé que tú ya lo sabías de sobras. ¿Sabes?, no dejé ni un día de pedir que te quedaras conmigo, mucho tiempo, hasta que casi se me borrara el recuerdo de la primera noche de tantas que habrían venido después.
Y ahora está sonando la primera canción que canté contigo. Una canción que no tiene ningún significado y que es odiosa ya de tanto que ha sonado, pero que siempre me lleva a aquel lugar y a aquel día. Aquel lugar no existe, y ese día hace mucho que pasó. Y yo ya no soy la de entonces, ni tú. Pero daría lo que fuera por volver a aquella noche y volver a reencontrarte más tarde. Daría lo que fuera por volver a conocerte otra vez. Y por volver a despertarme a tu lado y por volver a ni siquiera leer una puta carta tonta y saber que vas a estar ahí para escucharme.
Me cuesta tanto...
Porque no puedo, no puedo dejar de quererte. Y me rompe, me rompe pensar que vas a olvidarte de mi y vas a conocer a cualquier otra persona que te llene más que yo, y a la que querrás más que yo, y que yo sólo seré un puto recuerdo. No quiero vivir de recuerdos. No quiero ser un recuerdo. Porque no puedo dejar de acordarme de todas las promesas que te hice, de todo lo que te dije. Que voy a estar aquí, que quizás no vuelva a enamorarme jamás, que quizás no vuelva a verte más. Pero yo daría lo que fuera por saber que sí, que todos mis planes de niña tonta van a cumplirse, que no necesito a nadie más, que todos los guiones que inventé para nuestra historia van a representarse y que algún día podré volver a aquel sitio. Contigo.Y con Leire, y con Taylor y con Áitor.
Bueno, déjalo. ¿Sabes? Creo que nadie sabe lo que me cuesta todo esto porque ni yo misma lo sabía. Estaba tan enfrascada en intentar no pensar en ti que ni siquiera me había dado cuenta de que es inútil intentarlo.
"Perquè t'estimo, joder. Perquè em vaig enamorar de tu des del primer moment en que et vaig veure."
Te juro que lo he intentado. Ahora tú sonreirías porque soy una imbécil y parece que siempre esté llorando. Parece que ya ni siquiera puedo hablar de ti.
¿Sabes? Todos los días cuando me levanto intento imaginarme como era todo cinco meses antes. Intento pensar que era feliz entonces y que ¿porque no debería serlo ahora pues? Cada día cuando me levanto me repito a mi misma que no me voy a morir solo porque tú no estés, que todo pasará, que el tiempo lo cura y lo cambia todo. Cada día la misma historia. Y parece que a veces, eso me consuela y que sí, que estoy bien. Pero es solo una manera tonta de engañar al subconsciente, porque estás en todos lados. Porque me imagino qué harías tú, que opinarías tú, como te llamaría para decirte que esta noche es una noche de mierda, como me arreglaría para que me vieras y siguieras pensando que estoy mejor recién levantada. Me imagino lo que dirías, imagino como te abrazaría, imagino que cada vez que salgo de casa, aún me esperas tú, donde siempre. Y sigo teniendo los horarios de los trenes colgados, y tus billetes desparramados por encima de la mesa. Y sigues estando en cada milímetro de mi piel.
¿Sabes qué? Hoy he leído una carta que hice nueve meses antes, donde teníamos que contar los propósitos que teníamos en mente para conseguir este año, y así cuando llegara Junio pudiéramos ver si se habían cumplido. Y lo primero que he hecho al abrir el sobre es leer tu nombre. En la primera línea. En un rotulador rosa, acorde con lo cursi que soy y seguiré siendo. Ya hace nueve meses que empecé a querer que te enamoraras de mi. Y hace nueve meses que no he dejado de quererte.
Y luego, lo primero que he pensado es en correr a hablarte para contártelo, porque me ha hecho gracia que ya entonces supiera que te quería en mi vida. Pero nunca pensé que cuando abriera ese sobre de nuevo, todo esto hubiera ocurrido. No sé si alegrarme o morirme de rabia como llevo haciendo todo el día y prácticamente todo el mes. Hoy he vuelto a mirar la hora, y eran las 20.20, y me he dado cuenta que no se me ocurría nada que pudiera desear. Porque siempre has estado en todos esos deseos tontos, aunque nunca te lo haya dicho y aunque sé que tú ya lo sabías de sobras. ¿Sabes?, no dejé ni un día de pedir que te quedaras conmigo, mucho tiempo, hasta que casi se me borrara el recuerdo de la primera noche de tantas que habrían venido después.
Y ahora está sonando la primera canción que canté contigo. Una canción que no tiene ningún significado y que es odiosa ya de tanto que ha sonado, pero que siempre me lleva a aquel lugar y a aquel día. Aquel lugar no existe, y ese día hace mucho que pasó. Y yo ya no soy la de entonces, ni tú. Pero daría lo que fuera por volver a aquella noche y volver a reencontrarte más tarde. Daría lo que fuera por volver a conocerte otra vez. Y por volver a despertarme a tu lado y por volver a ni siquiera leer una puta carta tonta y saber que vas a estar ahí para escucharme.
Me cuesta tanto...
Porque no puedo, no puedo dejar de quererte. Y me rompe, me rompe pensar que vas a olvidarte de mi y vas a conocer a cualquier otra persona que te llene más que yo, y a la que querrás más que yo, y que yo sólo seré un puto recuerdo. No quiero vivir de recuerdos. No quiero ser un recuerdo. Porque no puedo dejar de acordarme de todas las promesas que te hice, de todo lo que te dije. Que voy a estar aquí, que quizás no vuelva a enamorarme jamás, que quizás no vuelva a verte más. Pero yo daría lo que fuera por saber que sí, que todos mis planes de niña tonta van a cumplirse, que no necesito a nadie más, que todos los guiones que inventé para nuestra historia van a representarse y que algún día podré volver a aquel sitio. Contigo.
Bueno, déjalo. ¿Sabes? Creo que nadie sabe lo que me cuesta todo esto porque ni yo misma lo sabía. Estaba tan enfrascada en intentar no pensar en ti que ni siquiera me había dado cuenta de que es inútil intentarlo.
"Perquè t'estimo, joder. Perquè em vaig enamorar de tu des del primer moment en que et vaig veure."
lunes, 6 de mayo de 2013
Sin palabras
Dicen que las personas sólo escribimos cuando estamos muy tristes o cuando estamos profundamente enamorados.
Pero la verdad es que estos dos términos suelen ir de la mano mucho más de lo que deberían.
Pero hay veces que por el contrario, la suma de estos dos estados te deja sin palabras.
Pero la verdad es que estos dos términos suelen ir de la mano mucho más de lo que deberían.
Pero hay veces que por el contrario, la suma de estos dos estados te deja sin palabras.
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